Bitácora para compartir lo que mi inspiración y el tiempo me permiten ir escribiendo
sábado, 16 de abril de 2016
Retirada
Extendió el brazo hacia atrás y se agarró con fuerza al marco de la ventana. El viento soplaba fuerte, haciéndole perder el equilibrio, pero todavía no había llegado el momento de la retirada. Diez pisos más abajo aún no había llegado mucha gente.
Julián Alberto lo tenía todo planeado. La muerte de Leticia María, su esposa durante más de treinta años, lo había dejado destrozado. La traición de ...
sábado, 2 de abril de 2016
¿Dónde nació el libro?
El grueso del libro
nace en una casa gallega de la Costa Ártabra. Un lugar mágico, expuesta a los vientos
del Océano, que una determinada semana del mes de febrero de 2014 la visitan nada
menos que tres veces en forma de ciclogénesis explosiva…
¿Qué mejor lugar y
circunstancias para que la inspiración y la perseverancia, la una de la mano de
la otra, den forma a los relatos del libro?
viernes, 18 de marzo de 2016
Muñecas rusas (de "Bucles")
© Alejandro Cuffia | Dreamstime.com - Mascardi Lake, Bariloche, Argentina
El autobús va cruzando la
Cordillera hacia San Carlos de Bariloche.
Manuel pega su cara al cristal, algo
empañado, intentando divisar las cimas entre las que discurre encajada la carretera.
Pero el paisaje es gris. Gris de niebla, gris de nieve extendida bajo la
niebla, gris de nieve que cae entre la niebla. Un cielo gris blanquecino, un bosque
blanco grisáceo. Manuel se resigna, hoy tampoco verá las cumbres de los Andes. Intenta
dormir. Pero no puede; todo el autobús escucha de pronto la voz chillona de la
pasajera sentada justo detrás de él.
––No me funciona el celular acá arriba.
¿Usted tiene cobertura? ––pregunta en voz alta a su compañero de asiento––.
Tengo a mi hija en Bariloche, esperando que le diga a qué hora llegamos, para
que pueda ir a buscarme a la terminal. Necesito decirle que no tenemos retraso.
Manuel escucha como el pasajero
busca su teléfono móvil en varios bolsillos, hasta que lo encuentra y lo
extrae.
––No señora, yo tampoco tengo
cobertura. Pero seguro habrá más abajo, y todavía faltan tres horas para
llegar.
––Ay sí, pero tengo que avisarle.
––No se apure, le va a dar tiempo.
Manuel, llevado por la curiosidad,
intenta ver su cara por el espacio que hay entre los asientos. La señora es rubia,
bien vestida. Su vecino es aún más rubio, y muy joven. Sostiene un grueso
libro, de tapas negras. En la estación, Manuel se había fijado en ese pasajero,
que leía el mismo libro sin despegar los ojos su sus páginas. Se había
sorprendido cuando entrevió su título: La Biblia.
La señora tiene claramente la
intención de prolongar la conversación.
––Y vos, ¿De dónde sos?
Su vecino era brasileño, de Iguazú.
Animada por la respuesta, prosigue el interrogatorio. Manuel se da cuenta que
no le iba a ser fácil conciliar el sueño, y decide abrir su libro. Era un libro
de relatos escritos por autores noveles de la Provincia de Río Negro. Lo había
comprado en Bariloche unos días antes, y lo había llevado consigo en su breve
excursión chilena. Lo sacó de la redecilla del respaldo del asiento.
Comienza a leer. El primer relato
sitúa su historia en un autobús que cruza la Cordillera, entre nieve y niebla.
––Yo soy psicoanalista, retirada ya
––continúa la Señora con su parloteo––, pero todavía voy a congresos…
Manuel no puede concentrarse. Ni el
tono de voz de la pasajera, ni su propio natural curioso de conversaciones ajenas,
se lo ponen fácil. A pesar de todo, prosigue su lectura. El protagonista de la
historia desiste de mirar por la ventana, y se pone a leer un libro. Manuel
escucha de nuevo a la parlanchina pasajera:
––El Congreso de Cartagena fue
bárbaro, ¿vos estuviste alguna vez en Cartagena? Si no, tenés que ir ya mismo.
El brasileño responde en voz tan
baja que lo que dice no le llega a Manuel. Éste vuelve de nuevo a su
interrumpida lectura. El relato cuenta como el protagonista abre su libro, que
contenía relatos de autores noveles de la Provincia de Río Negro. El primero de
ellos es la historia de un viajero que cruza la Cordillera, sumida en nieve y niebla,
y que, no pudiendo disfrutar del paisaje, abre un libro de relatos.
Incansable, la señora continuaba:
––Ahora me invitaron a un Congreso
en Europa, en Atenas.
––Qué bueno ––acertó a decir su
abrumado vecino––.
––No sé si ir, me dijo una amiga de
La Plata que hay unos negocios espectaculares. Cuando estuvo allá con su
marido, quemaron la tarjeta de crédito. Pero por otro lado, no sé si mi inglés
es tan bueno.
Manuel intenta, por enésima vez,
concentrarse en la lectura, esta vez con más éxito. En el relato, su
protagonista continua leyendo el libro que cuenta la historia de un viajero
que, atravesando la Cordillera, abre un libro de relatos. El primero de éstos
refiere la historia de un viajero que, cruzando los Andes en autobús, y
aburrido con el paisaje gris, decide comenzar a leer un libro de narraciones cortas
escritas por autores noveles de la Provincia de Río Negro. El primero de cuyos
cuentos narra como un viajero que atraviesa la Cordillera nevada y envuelta en
nubes empieza a leer un libro de historias breves, que había comprado unos días
antes en Bariloche. La primera historia de ese libro reseña como un turista,
aburrido en el autobús que salva los Andes envueltos en nubes bajas, lee un
libro de relatos de autores locales, el primero de cuyos relatos cuenta como un
viajero…
Manuel oye un chasquido. Siente en
la cara el aire frío del exterior. Al mismo tiempo, la voz de la pasajera se va
atenuando, como si se estuviera alejando, hasta que se hace un silencio
extraño. Manuel mira hacia arriba. El techo del autobús se ha desvanecido. Una
cara enorme, le observa, a través de líneas de palabras transparentes. Sus facciones
son idénticas a la suya. Más arriba, otra cara aún más descomunal observa a la
anterior. Manuel mira a su alrededor. Sólo ve letras y líneas. Se siente plano,
como habiendo perdido una dimensión. Por debajo de él, otro alter ego suyo lee
un libro, también transparente, y mira desde arriba a otra persona, aún más
diminuta que lee otro libro, en el cual…
Manuel grita. Su grito se oye en
todo el universo, desde el átomo hasta las estrellas.
martes, 15 de marzo de 2016
Delfines negros y rojos
© Refluo | Dreamstime.com - Dolphin black and white
"...Su madre, sentada en el sillón en el que pasaba todos los fines de semana vencida por el cansancio de limpiar colegios y casas, ni siquiera le quiso mirar: —Tu hermana te está esperando para que la lleves al parque. "
Más a un click de distancia:
http://www.bubok.es/libros/244300/Ciclogenesis-no-explosiva
domingo, 6 de marzo de 2016
Valor
"El saco de arena amortigua el impacto de la primera bala. Me pongo en guardia. Otro día más. Las gotas de lluvia se acumulan en el borde de mi casco y resbalan por él, hasta que su peso las hace caer sobre mi cara. Ruedan por ella junto con lágrimas de miedo. "
Más a un click de distancia:
http://www.bubok.es/libros/244300/Ciclogenesis-no-explosiva
domingo, 28 de febrero de 2016
Lo que dice la crítica
"Los
cuentos tienen una personalidad propia y están bien escritos, que es la marca
doble del buen escritor" (M, escritor)
"Tramas sencillas, cortas, con un ritmo ágil que atrapan al lector." (agencia literaria)
"La habilidad del autor sitúa rápidamente al lector en cuada situación y cada breve pieza de este caleidoscopio humano nos transporta a un lugar sorprendente". "Un recorrido por la condición humana". "Recopilación que merece ser leída" (agencia literaria).
Si la crítica es buena, ¿por qué me auto-publico?
La
auto-publicación supone un esfuerzo muy grande. Yo lo acometo con la modestia
del que piensa que su obra no es quizás mejor que otras disponibles en el
mercado, pero sí digna de ser leída, y merecedora de la oportunidad de serlo. Y,
por supuesto, con la ilusión de compartir mis relatos con los lectores. ¿Qué
sería de un relato sin ellos?
http://www.bubok.es/libros/244300/Ciclogenesis-no-explosiva
"Tramas sencillas, cortas, con un ritmo ágil que atrapan al lector." (agencia literaria)
"La habilidad del autor sitúa rápidamente al lector en cuada situación y cada breve pieza de este caleidoscopio humano nos transporta a un lugar sorprendente". "Un recorrido por la condición humana". "Recopilación que merece ser leída" (agencia literaria).
Si la crítica es buena, ¿por qué me auto-publico?
Aunque
la valoración de los dos agentes literarios a los que pedí informes de lectura
fue positiva, los dos coincidieron en apuntar que en España no hay mercado para
libros de relatos. Interesa sólo la novela. Dicho de otro modo: a un autor novel
de relatos no le queda más salida que trocear su obra en relatos individuales
para presentarla a concursos, o auto-publicarse.
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domingo, 21 de febrero de 2016
Salir del armario (cuento de mi primer libro -"Bucles"-)
La tarde se anuncia tormentosa en
el barrio estambuliota de Caddebostan. El implacable sol de julio se acaba de
ocultar tras unas muy amenazadoras nubes de tormenta. Sin embargo, Mehmet sabe
que los truenos más fuertes que escuchará hoy serán los gritos de su padre.
Tras mucho meditarlo, lo ha decidido: en apenas 20 minutos, su padre estará al
corriente. Ahora espera su vuelta impaciente en la cocina. Su madre le
acompaña.
–¿Quieres más té, hijo?
–No mamá, no me apetece. Además, no quiero
ponerme más nervioso de lo que ya estoy.
Su madre, ablandando la voz con
toda la ternura que su preocupación le permite expresar, hace un último
intento:
–Pero hijo, ¿estás seguro de lo
que vas a hacer?
–Sí mamá, lo he pensado mucho. Ya
no puedo seguir ocultándolo.
–Pero hijo, ya sabes cómo es tu padre. A lo
mejor no hace falta que le des este disgusto. Sabes que tu hermana y yo
podríamos seguir ayudándote con tus coartadas para que tú pudieras seguir
viviendo como hasta ahora.
–Sí, ya lo sé, mamá, pero no puede ser. He
aguantado en silencio durante muchos años, y ya no puedo seguir así. Tiene que
saberlo.
Se escucha el primer trueno. Un
bufido de aire fresco entra en la cocina, agitando los visillos. Huele a
mar.
–Pero hijo -continúa la madre-,
tu padre se va a sorprender mucho. Piensa que yo misma tampoco me di cuenta
durante mucho tiempo.
–Bueno, tú, en el fondo,
sospechabas algo.
–Sí, ya sabes lo que se dice, que
no hay nada que se le escape a una madre. Yo veía cosas que no tenían
explicación lógica, como esos amigos a los que no nos querías presentar. Y tus
continuas visitas al otro lado, cuando al fin y al cabo, en esta orilla del
Bósforo tenemos de todo… Pero de ahí a pensar que tú, hijo de una familia con
una historia como la nuestra, ibas a…
–Ya, ya sé que no os lo
esperabais –responde Mehmet con un toque de tristeza-.
Un relámpago ilumina la
habitación. Mehmet mira hacia fuera, y comprueba que las islas ya no se ven. La
cortina de agua se va acercando hacia la costa asiática de Estambul, del mismo
modo que, piensa Mehmet, su padre se estará acercando a casa en ese momento. Ya
habrá bajado del dolmuş(1) delante del supermercado, y probablemente esté cruzando
la avenida.
- Ay hijo, no quería ponerte más
triste. Si tú eres feliz así…
–Sí, así siento, así soy. No
puedo hacer nada para cambiarlo, y tampoco puedo esconderlo más. Tú no te
puedes imaginar lo que es vivir ocultando esta pasión.
–No serías el primero en la
historia que tiene que ocultar sus pasiones – el tono ligeramente adusto de su
madre deja entrever muchos años de férrea educación en los mejores colegios-.
–Ya mamá, pero vivimos otros
tiempos.
Otro trueno. Las primeras gotas
caen sobre las flores rojas del balcón. Ahora es la madre la que dirige una
mirada perdida al exterior.
–Para tu padre va a ser un golpe.
Pensará que no logró educarte bien. Pasará semanas pensando en qué se equivocó
contigo, en qué no hizo bien. Cariño, ¿de verdad es necesario que se lo digas?
–Sí mamá. Me va a doler a mí también, pero
tengo que hablar con él. Tengo que decírselo. Aunque sólo sea porque no puedo
soportar que siga insultando en mi presencia a los que sienten como yo.
El ruido de unas llaves entrando
en la cerradura interrumpe la conversación. Mehmet, con gesto serio, se levanta
y sale a encontrarse con su padre en el salón. Su madre le sigue. Al ver a su
padre, Mehmet siente una gran ternura por él. Viéndole realizar sus gestos
cotidianos a la vuelta del trabajo, piensa que en el fondo quizás su madre
tenga razón. Quizás es mejor no decir nada.
Mientras su padre deja la cartera
y el llavero con el escudo de su equipo, el Fenerbahçe, sobre la mesa, siente
pena porque el resto de la tarde ya no será como su padre espera. A pesar de
todo, reuniendo el poco valor que le queda, Mehmet se dirige a su padre:
–Papá, tengo que hablar contigo.
–Sí hijo, claro.
Al ver el gesto grave de su
esposa, el padre de Mehmet se sobresalta:
–¿Qué pasa? ¿Te ocurre algo hijo?
–Hay una cosa que debes saber,
papá. –Tragando saliva, Mehmet continúa–. Es algo que llevo queriendo decirte
hace mucho tiempo, y me ha faltado valor para hacerlo.
Un rayo cae muy cerca, se corta
la electricidad de la casa. Un par de segundos después, el trueno acompaña las
siguientes palabras de Mehmet.
–Papá, no te va a gustar.
–Hijo -le interrumpió su padre-,
has de saber que yo soy una persona moderna. Antes de que sigas, debo decirte
que yo no tengo nada en contra de los… -traga saliva- …de los homosexuales. Si
alguna vez he hecho alguna broma de mal gusto, ha sido sólo eso, una broma sin
intención. Yo…
–Papá…
–Además, no se si sabes que según
tu tío, tu primo Alper también…
–No es eso papá –interrumpe
Mehmet-. Lo que quiero decirte es que yo… soy socio del Galatasaray.
El siguiente trueno cubre el
ruido del golpe que, al desmayarse, da el padre de Mehmet contra la pared del
salón. Como el trueno es largo, tampoco se escucha el estrépito de la caída,
desde el lugar de honor que ocupaba en la misma pared, de su diploma de “socio
de honor” del Fehnerbahçe.
(1) Furgonetas que, en Estambul, hacen las veces de autobús en algunas
líneas.
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